Ana miró a Lucas con una frialdad glacial, como si estuviera mirando a su propio enemigo. ¿Acaso Lucas no era ahora su enemigo? Él le había arrebatado a sus dos hijos, su madre había dejado en estado vegetativo a la suya. No debería mostrarle ni un ápice de debilidad.
La mirada de Ana hirió profundamente el corazón de Lucas. ¿Cómo podía ella mirarlo con tal desdén, sin encontrar ni un ápice de calidez, ni siquiera de culpa, solo odio? Ella era claramente quien había traicionado sus sentimientos.