El auto avanzaba lentamente en la oscuridad, con solo sus faros rasgando la negrura. El ambiente dentro del estrecho habitáculo era asfixiante.
Ana, sin darse cuenta, inclinó su cabeza hacia un lado y cayó en un sueño profundo. Sería más acertado decir que había caído en un estado de inconsciencia. Desde la mañana, no había comido ni bebido, y había pasado por demasiados acontecimientos: ser descubierta en una infidelidad, llevada a este lugar, informada de que se separaría de sus dos hijos, y c