Justo cuando el corazón de Ana empezaba a hundirse lentamente en un abismo de desesperación, sus emociones volviéndose más frías a cada instante, un raro ruido de pasos resonó en la distancia.
Ana pensó que era Luella quien había hecho ese ruido y estaba a punto de decir algo, cuando otro sonido rompió el silencio: un aullido animalístico.
Los pelos de Ana se erizaron de inmediato. Agarró con fuerza el bastón que tenía en su mano, rezando para que ese ruido no fuera más que una ilusión creada p