Lucas era alto y de piernas largas; su zancada era considerable. Incluso si Ana gozara de buena salud, tendría problemas para seguir su ritmo. Ahora que se sentía mal, prácticamente era arrastrada por él.
Desde la perspectiva de Ana, sólo podía apreciar el perfil nítido y angular de Lucas, marcado por una fría rigidez que parecía alejar a todos a kilómetros de distancia.
Un sabor indescriptible llenaba el corazón de Ana. De repente sintió que, tal vez, algo había cambiado entre ellos. Temía que,