— Ni siquiera dije nada todavía — respondió Enzo tomando la botella y llenando su vaso para beber todo el contenido de golpe, era tan difícil mirarlo a los ojos y saber que debía alejarse de él — pero sí, debo marcharme, volver a Italia, mañana debo estar allí ya.
No quería apartarse de él, era lo que Enzo menos deseaba en el mundo, entrelazó los dedos con los de él y se contuvo de llorar porque sus ojos dolían demasiado en ese momento.
Si todo había acabado del mismo modo en que había empezado