Jareth Mars no paraba de golpear el rostro del sujeto que había secuestrado a su esposa tomándolo de sorpresa tras la entrega del dinero por la furgoneta negra.
—¡Deténganlo, no dejen que lo mate!— escucho a lo lejos Jareth, que alguien gritó.
Pero castigar a ese hombre era en lo único que pensaba.
Raphael no esperaba el ataque por parte del marido de la mujer, quien lo sometio tras golpear su cabeza contra la puerta de su auto.
Para cuándo lo quitaron de arriba del hombre su rostro se encontr