9.
—Es aquí.
El chófer frena frente a la pequeña casa de Federica. Ella me mira de reojo y me agradece por traerla, bajándose del carro al siguiente segundo. Yo la imito y la alcanzo, tomándola del brazo.
—Oye, uhm, en serio… —balbuceo, rascándome la nuca—… Gracias por omitir información sobre los primeros días. No sabes lo que significa para mí.
—Como te dije antes, he visto tu esfuerzo. Lo demás, como el trabajo, también se mejora —dice, suavizando sus facciones—. Nos vemos luego, Sebas.
—Me gus