255. Una pista

Stefanos

La habitación estaba sumergida en un silencio sagrado, interrumpido solo por los suaves sonidos de su respiración... y los pequeños ruidos de Kiara mamando con una concentración feroz.

Nuria estaba recostada en la cama, con el cabello recogido en un moño descuidado, los ojos pesados, pero llenos de brillo. Había algo en ella ahora... diferente. Una nueva luz. La luz de la maternidad.

Y Kiara... Mi hija. Mi heredera. Mi mundo entero encogido en poco más de tres kilos y medio de pura int
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