La revelación le cayó como un rayo encima.
Alejandro apretó mi mano con más fuerza, su respiración se volvió pesada. Sin embargo, me lanzó una mirada tranquilizadora, dejándome claro que confiaba en mí.
Laura, con los ojos como platos, exclamó:
— Debe en serio de haber algún malentendido, ¿no?
Mariana, con aire de convicción, declaró:
— Es verdad. Antes no sabía que a Alejandro le gustaba Catalina. Ya lo habíamos arreglado: yo sería la esposa principal y ella pues la secundaria...
Me puse de pie