Ella se deslizó de su cara como si la estuvieran despegando; sus piernas estaban blandas como gelatina y todo su cuerpo vibraba por el orgasmo que aún ondeaba en sus huesos. ¿Pero su boca?
Su boca tenía hambre.
Aún jadeando, gateó por el pecho de él, sus dedos trazando el rastro húmedo de su propio flujo sobre la piel de él, bajando por el esternón, sobre los abdominales, más abajo... hasta que su rostro quedó suspendido justo sobre el miembro de él.
Joder.
Estaba duro, dolorosamente duro. Grue