Cripta de Vaerith, bajo el Templo de la Llama de Marfil
La puerta se cerró tras Neriah con un gemido, sellándola en una oscuridad más antigua que la historia. Su aliento se atascó en su garganta.
La Cripta de Vaerith no se parecía en nada a los salones sagrados de arriba: ni himnos, ni luz, ni piedra pulida. Solo silencio… y calor. Un calor profundo y húmedo que se aferraba a sus muslos y se deslizaba bajo los pliegues de su túnica ceremonial. Buscó su báculo, pero aquí no era más que un símbol