—Oh, Dios, sí —digo con pasión mientras él embiste. Eso hace que empuje con más fuerza. —Oh, Dios, Erica… Oh, Dios mío… —sigue diciendo mientras me coge. Me coge fuerte y rápido, sin preparación previa. Directo al desenfreno salvaje. Gimo y jadeo.
—Sí… —repito una y otra vez—. Sí… Oh, Dios, sí…
Me embiste con fuerza y no puedo pensar con claridad. De vez en cuando me miro al espejo para verlo cogiéndome. Me excita muchísimo. Puedo sentir un orgasmo enorme surgiendo en mi interior, amenazando co