—¡Uhhhh! —gruñe Steve mientras se corre en mi coño. Me suelta el pelo. Saca su pene de mí y se aleja. Creo que tengo las piernas entumecidas. Tengo miedo de moverme. Apoyo la cabeza y los brazos sobre la encimera, empapándolos con leche y cereales.
Oigo a Steve recuperar el aliento. Luego da un paso hacia mí otra vez. Siento que me separa las nalgas con las manos y levanto la cabeza, curiosa. Presiona su pene contra mi ano. Todavía está resbaladizo, así que se desliza hacia adentro. Gimo cuando