Mateo estaba acostado en su cama, disfrutando de una tarde tranquila, cuando su teléfono vibró sobre la mesita de noche. Al tomarlo y ver el mensaje de Sofía, su corazón dio un vuelco. No podía ignorar el tono desesperado en su mensaje, ni las lágrimas que casi se podían escuchar en sus palabras. Sin pensarlo dos veces, le respondió con preocupación:
—Voy para allá, Sofía. No te preocupes, ya casi llego.
Se levantó de un salto y rápidamente se vistió. Mientras se ponía los zapatos, su mente est