Mateo estaba llegando a su casa cuando de repente recibió una llamada inesperada de Luciana. Su tono era algo urgente, pero a la vez amigable, pidiéndole que la encontrara en el parque para hablar. Sin pensarlo mucho, Mateo se alistó y fue a su encuentro. Al llegar, vio a Luciana sentada en uno de los bancos, mirando hacia la fuente con una expresión algo pensativa.
—¡Luciana! —exclamó Mateo al acercarse—. ¿Cómo estás? Hace días que no te veía.
Luciana le sonrió, pero esa sonrisa ocultaba un to