David bajó del avión y tomó un coche directo a unos suburbios en la ciudad Madrigal, llegó hasta una pequeña casa, bajó del auto y una mujer ya lo esperaba. “Joven Estrada, bienvenido”.
David saludó a la mujer. “Hola Margarita, ¿Dónde está?”.
Ella sonrió. “En la sala, te está esperando”.
David entró a la casa, la televisión estaba encendida y pasaban las noticias, en el sillón un hombre viejo estaba sentado.
David se acercó. “Abuelo”.
El hombre giró la cabeza y le sonrió a David. “Mira qui