Bajo, y al salir observo como Chloe, levanta un ramo, mientras se disculpa con varias personas que intentan usar la acera para transitar.
—¡Ya estoy aquí!, ¿Qué quieres que haga? —Le pregunto con toda la disposición.
—Vamos a llevar los ramos adentro, no quiero que más personas toquen a mi puerta por qué no pueden caminar libremente.
—¿No es raro?
—¿Qué?
—En New York, todos estos ramos habrían desaparecido en menos de 20 minutos.
—Si, eso es cierto, pero no estamos en los Estados