—… Quiero oírte gritar.
—¡Oooh!, Damián… Damián… —Grita mi nombre una y otra vez.
—Eso es nena, sigue tocándote, esta vez más rápido —Ella gime sin parar y yo me empiezo a tocar de solo imaginarla, pero no me concentro en mí, sino en ella, mi meta es hacerla disfrutar y sentirse cómoda conmigo. —¿En qué piensas mientras te tocas?
—En que te tengo encima de mí. —Dice y sus gemidos empiezan a cambiar a gritos de placer. Quiero que tenga un orgasmo, por lo que empiezo a decirle f