—No volveré a tener sexo contigo, jefe.
Ella lo dijo como si lo estuviera castigando, como si fuera una orden para su propio corazón.
Giorgio ladeó una sonrisa fría, apenas, una sonrisa que no decía "me dolió", decía: "qué adorable que intentes fingir".
Pero no respondió a eso, no la contradijo, no se burló con palabras, simplemente caminó hacia el armario con calma, como si esa conversación no fuera importante para él.
—Toma una ducha —dijo ese hombre, con voz tranquila, práctica—. Hay ropa para ti y todo lo necesario en el armario. Después desayunamos… y volvemos a Milán juntos.
Fiorina frunció el ceño, confundida por la falta de reacción, pero obedeció igual, porque en el fondo su cuerpo todavía estaba sensible, su mente todavía estaba alterada, y no quería discutir cuando no estaba segura de sí misma.
Caminó al baño con pasos rápidos.
Tap~ Tap~
Ella cerró la puerta detrás de ella.
Click~
Y solo cuando estuvo sola, apoyó la espalda contra la pared, cerró los