Massimo apoyó la espalda contra la pared con calma, como si la pistola presionando su cabeza fuera un inconveniente menor.
Sus ojos se movieron lentamente por la habitación, recorriendo el espacio con curiosidad tranquila, hasta detenerse en el cofre metálico situado al pie de la cama.
—Así que encontraste el cofre.
Giorgio seguía con el arma firme en su mano, y la distancia entre ambos hombres no había cambiado ni un centímetro.
—¿Qué haces aquí? ¿Qué tanto sabes, Massimo?
"Creí que Mat