Capítulo 131: La voy a matar.
Ruggero descruzó las piernas con una calma casi provocativa, sus ojos cafés fijos en Massimo.
—¿Temes que te quite el control? —preguntó con una voz suave, casi un susurro.
—No lo temo —corrigió Massimo, con un tono que no admitía dudas—. Lo sé.
Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo en un gesto nervioso, y respiró hondo, el pecho subiendo y bajando con fuerza contenida.
—Lo usará para comprar, presionar, absorber. Paso a paso. O hunde el Gruppo Bernardi… o se queda con él —recalcó