Capítulo 123: Te deseo...
La luz dorada del atardecer bañaba con su luz la cocina en ese departamento, junto con las lámparas del techo, iluminando la estancia cálidamente.
El señor Marchesani se movía con una naturalidad sorprendente entre la estufa y la tabla de cortar.
Fiorina por su parte, permanecía en el sofá, sentada de lado, con una pierna doblada bajo el cuerpo, la taza de té ya vacía reposando sobre la mesa baja frente a ella.
No había encendido la televisión ni puesto música. Simplemente lo observaba,