—¿Se puede? —pregunta desde el marco de la puerta de la habitación de su hermana tras dar un par de toque sobre la madera de este.
—Claro, entra—responde la pelinegra mientras deja de lado su portátil y le presta atención a su hermanita.
Ante la respuesta afirmativa, Tatiana no duda más y entra silenciosamente en la habitación de Vanessa, observando a su hermana mayor quien se encuentra sentada en el centro de la cama, apurando sus pasos, pasa a sentarse en el borde de la cama y quedar frente a