Emil sube la maleta a su auto y la acomoda. Ajustando la maleta una vez más, es como si estuviera ratificándose a sí mismo de que realmente tiene que irse.
—¿Ya te vas? —La voz de Ioana suena cargada de preocupación a sus espaldas.
Emil se da vuelta y ve a su hermana y abuelo acercándose con paso tranquilo. Ioana tiene los brazos cruzados, y el abuelo de esa forma tan característica que tiene de hacerlo cada cierto tiempo, una mirada que combina sabiduría y tristeza.
—Sí. Ya hablamos de esto, e