Claudia abrió la puerta de la habitación y se quedó paralizada durante dos segundos. Su madre estaba tirada en el suelo, cerca del asiento en el que se había sentado, inmóvil y tranquila.
Claudia corrió hacia ella y la sacudió de manera un poco violenta, su corazón latía con extrema rapidez. Sintió un punzante dolor de cabeza en las sienes.
¡Que no fuera lo que estaba pensando!
—¡¡¡Doctor!!! ¡¡Doctor!! ¡¡Que alguien me ayude!! —gritó Claudia con todas sus fuerzas. Su madre no respondía, estaba