Salem cayó arrodillado en el suelo, apretando con fuerza el pecho. Analía le apoyó su ancha mano sobre su hombro y lo ayudó a ponerse de pie.
—¿A dónde se fue? —le preguntó al joven recién llegado. Se encogió de hombros.
— la seguí hasta que vi que salía de la ciudad y entonces vine a avisar.
— No era muy lejos —dijo Salem, apretando el pecho — también Debería estarla matando el contrato. ¿Cómo pudo ser tan estúpida? —dijo el Alfa—. Ya sabe que si toma la decisión de dejarme, el contrato nos