–Liam, vamos a otro lugar –susurra con los labios entreabiertos, su aliento cálido rozando la piel de él como una invitación prohibida.
Liam traga en seco. Su mirada se oscurece, atrapada entre la lucha interna de lo que desea y lo que debería hacer. –¿Estás segura, Amara? –pregunta con un tono grave, casi rasposo, mientras recorre con la mirada su rostro encendido. Su cuerpo le grita que la tome de la mano y el saque de allí, pero su conciencia le recuerda que ella no está en su juicio habitua