Liam la observa con una mezcla de paciencia y diversión. Sus golpes no le duelen, pero su actitud sí logra revolver algo dentro de él. –Amara, haz silencio y déjame llevarte a casa en paz– dice con firmeza, intentando calmarla sin alzar la voz.
–No quiero. Déjame aquí y tú vete con esa zorra de Kate – escupe Amara, con la voz temblorosa, empujándolo con fuerza. Sin embargo, Liam no se mueve ni un centímetro. Su mirada se oscurece, y un músculo en su mandíbula se tensa.
—¿Acaso no entiendes que