–¿Estás seguro? –pregunta Liam finalmente, en un tono bajo que resulta más intimidante que cualquier grito.
–Es lo que dice aquí –responde el hombre. – Usuario verificado, contraseña correcta… acceso completo al sistema de proyección.
Liam observa la pantalla unos segundos más, como si esperara que los datos cambien por sí solos, pero no lo hacen. Luego se endereza y sale sin decir nada más.
Cuando regresa a la sala, el ambiente ya no intenta disimular la tensión; el público sigue observando