Narrador Omnisciente
Amara no lo piensa dos veces. Apenas el auto se detiene frente a la mansión, abre la puerta con brusquedad, se desabrocha el cinturón y baja de un salto y corre por el pasillo tenuemente iluminado. Al entrar sube las escaleras y una vez arriba y empuja la puerta de la habitación de Lucero.
–¡Clarisse! –exclama Amara preocupada. –¿Qué le paso a la niña?
La niñera, sentada en un sillón junto a la cama, se sobresalta. –Nada, señora –responde con suavidad. –Lucero ha do