La boda ha llegado. El silencio en la habitación es denso, casi sagrado. Solo se escucha el leve zumbido del aire acondicionado y la respiración entrecortada de Amara, que se encuentra sola frente al espejo, contemplando su reflejo como si mirara a una desconocida.
Lágrimas resbalan lentamente por sus mejillas, formando caminos invisibles sobre la piel maquillada a la perfección. No son lágrimas de emoción, no son de alegría. Son el peso silencioso del duelo: el duelo por un amor que se va a e