Liam enciende el auto y se sumerge en el tráfico nocturno. El silencio entre ellos es denso, cargado de pensamientos no dichos. Amara mira por la ventanilla, su reflejo distorsionado en el cristal. Él mantiene la vista fija en la carretera, con el ceño ligeramente fruncido. No sabe qué es peor: el incómodo mutismo o la creciente sensación de que esto no terminará bien.
Quince minutos después, el motor se apaga frente al bar. Amara suelta un suspiro y baja, sintiendo el aire nocturno acariciar