–Estoy bajo el mando de la señora Amara Laveau, quien ejerce como mi superior directa – dice Kate, mientras sus labios se tuercen en una mueca apenas disimulada, como si el simple hecho de pronunciar ese nombre le causara un dolor punzante.
Úrsula la observa en silencio, percibiendo cada matiz de su expresión, cada leve cambio en la postura de su amiga. No hace falta mucho para darse cuenta de que Kate está al borde del colapso. Se ha acostumbrado a ver cómo la rabia de Kate se desborda en oca