CAPÍTULO 26. «ESA HIJA PUDIERA SER MIA»
En el apartamento de Julio:
—¡Aló! ¿Adriana? —preguntó el cariñosamente.
—Sí, ¿Quién habla? —preguntó ella con su voz muy suave.
—Soy Julio Urdaneta —se identificó él.
—¡Hola! ¿Cómo estás? —interrogó ella, intrigada de cómo había conseguido su número.
—Estoy muy bien, pero triste porque ya no te puedo ver todos los días al ir al restaurante ¿Saliste ya de prenatal? O ¿aún sigues asistiendo al restaurante?
—Aún no he salido de prenatal, aunque me falta poco. Estoy asombrada como sabes tanto ¿Cóm