CAPÍTULO 119. UNA ROSA ROJA...
Kelvin, al llegar al estacionamiento de la mansión, observó cuando el chófer de su hija, acompañaba a Luisa, para llevar a esta a su apartamento. En vista de esto, él ofreció llevarla. Ella, subió a su camioneta y de camino a su vivienda mantuvo una agradable conversación con este.
—Aún estoy sorprendida con el anuncio que hizo Adriana, de que eres su padre —comentó Luisa, porque si alguien conocía de la riqueza y abundancia de este hombre, era precisamente ella.
—¡Para mí también lo fue! —Expr