Froté el cepillo de dientes con fuerza, determinada a eliminar cualquier vestigio del episodio en el baño. El sabor de la pasta dental de menta —normalmente refrescante— ahora me parecía extrañamente intenso y empalagoso, forzándome a disminuir el ritmo para no provocar una nueva ola de náusea.
Escupí en el lavabo y me enjuagué la boca repetidamente antes de echar agua helada en el rostro. En el espejo, mi reflejo parecía pálido y ligeramente abatido, pero nada que una capa extra de rubor no pu