~ NICOLÒ ~
Ese lunes, debía haber vuelto temprano a Montepulciano.
Ese era el plan. Despertar, tomar un café rápido, tomar el auto y volver a la vida real.
En cambio, estaba sentado en la cafetería más barata que encontré en un radio de tres cuadras del centro, mirando fijamente un capuchino aguado y un croissant que claramente había conocido días mejores.
El celular estaba apoyado en la mesa, la pantalla abierta en una búsqueda: "Bellucci Florencia sede".
Había una dirección. Fotos del edificio. Artículos hablando de expansión, exportación, premios. Pasaba el dedo por la pantalla como si aquello fuera sobre otra galaxia, no sobre la familia de la mujer con quien había compartido una habitación minúscula en la posada.
Suspiré.
No tenía un plan perfecto. Tenía solo una sensación incómoda que no se despegaba desde el fin de semana: la de que, si iba realmente a intentar compartir la vida con una Bellucci, necesitaba al menos intentar dejar la mía en un punto donde no me sintiera una car