El paisaje por la ventana del auto cambiaba gradualmente, saliendo del gris urbano de Londres hacia tonos más verdes y suaves del interior inglés. Había algo hipnotizante en el movimiento de las colinas onduladas que pasaban, salpicadas de casas de piedra y campos que se extendían hasta donde la vista alcanzaba.
"¿A dónde vamos otra vez?", pregunté por tercera vez, volteándome para mirar a Nate, que manejaba con una tranquilidad que contrastaba con mi curiosidad creciente.
"Dije que iba a ser s