El alivio me golpeó como una ola, tan intenso que casi me caí de la silla. Christian estaba despierto. Sus ojos, incluso empañados por la medicación y la confusión, estaban abiertos y mirándome. Estaba vivo, consciente, hablándome.
"Christian", murmuré, mi voz entrecortada por las lágrimas que no podía contener. "Gracias a Dios, estás bien."
Parpadeó lentamente, como si estuviera tratando de enfocarme mejor, e intentó moverse en la cama. Una mueca de dolor pasó por su rostro.
"Despacio", dije r