John conducía por las concurridas calles de Nueva York, con la preocupación plasmada en su rostro. Recorrió los barrios donde Vittorio Amorielle tenía sus negocios, comenzando por el Lower East Side, pasando por el Upper West Side y continuando hacia Union Square, en el corazón de Manhattan. En cada lugar visitado, la respuesta era la misma: nadie había visto a Laura por allí.
La frustración comenzaba a mezclarse con la ansiedad. John sabía que el tiempo se estaba agotando y que cada minuto era