nireya punto de vista
La idea ya no me asustó.
Ese fue el problema.
Se quedó en mi cabeza como una solución, limpia y contenida, ya no lo suficientemente aguda como para hacerme estremecer.
Estaba... ahí esperándome.
¿Veneno? ¿Acabo de decir veneno?
No pensé en cómo.
No lo necesitaba porque mi mente se detuvo en la palabra misma, como si fuera suficiente. Como si nombrarlo me diera control sobre ello.
Odiaba lo tranquila que me sentía.
Si hubiera estado gritando, entrando en pánico, sollozando,