nireya punto de vista
Podía sentirlo en mi pecho, como un ser vivo, enroscándose y apretándose cada vez que pensaba en ella.
La preciosa omega del consejo y la chica perfecta. El que pensaban que podría ocupar mi lugar.
No quería volver a verla.
Quería arrancarme la cabeza sólo por considerarlo. Pero tenía que saberlo. Tenía que sentir todo el peso de lo que querían.
Y maldita sea, necesitaba enfrentarla.
La encontré donde siempre permaneció en mi mente, en el borde de los acantilados sobre la