Observé durante un momento la diminuta criatura en la imagen; era borrosa, a blanco y negro pero, aun así, muy definida para mí.
—Aunque esa serie de tragedias te trajeron a mi vida, lamento mucho que hayas vivido todo eso —musitó Sebastián y se giró para tomarme de la nuca y darme un beso en la frente—. Daría lo que fuera con tal de evitarte ese dolor.
Suspiré y sujetando la imagen del ultrasonido con las dos manos, me mantuve sentada sobre los talones a los pies de la cama. Cuando Sebastiá