“... Hacerse de la suerte... O nacer siendo suertuda. Solo hay de dos.
Excepto por...
Crecer sin una pizca de gloria divina.
Con ojos anegados de lágrimas, miré mi reflejo en el espejo del baño...
Yo, con el uniforme de la escuela lleno de manchas de polvo y suciedad; aun cuando esa mañana había salido de casa luciendo impecable... Yo, con el rizado cabello color salmón hecho un desastre y repleto de hojas secas, cuando apenas me lo había teñido el día anterior; y todo porque estúpidame