Apenas quedé sola, me vi rodeada por una horda de mujeres, todas vestidas con llamativos vestidos largos; algunos incluso más reveladores que el mío. Y no tardé en ver lo que Isabel había querido decir.
—Tú debes ser el más reciente capricho del señor Daniels —dijo una, pude notar la envidia en su voz.
—Siendo una prostituta, no pensé que serías tan joven —añadió otra con malicia y celos.
—Dicen que te compró a Odisea apenas te vio, ¿es verdad?
—¿Es cierto que le entregaste tu virginidad