—Yo... creo que me siento sofocada.
Tuve que luchar con todas mis fuerzas para levantarme y salir de allí con calma, mientras por dentro me moría por correr y gritar. Y cuando dejé el restaurante apresuradamente, levantando más miradas y cuchicheos, no me importó en absoluto.
Tampoco me detuve, no hasta que llegué a un vacío y enorme salón de eventos. Allí me quité los molestos tacones y me senté en el suelo. Suspiré hondo con la vista en el techo, luchando por no romper en llanto.
—Lo sient