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—Por supuesto que lo eres, eres mía —le llevó la contraria afirmando un hecho absurdo, entonces dejó de moverse, pero aún no salía de ella, además estaba ejerciendo demasiada fuerza sobre su vientre y eso le estaba inyectado mucho miedo, temor de que le hiciera daño a su bebé —. Te cogeré todo lo que quiera, te haré mía lo que yo quiera, así que obedece y deja de soltar estupideces.

—Tú, tú sueltas estupideces ¡maldito! —rugió llorando, volviendo a tirar de las cadenas de las esposas. Solo enc
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