La muchacha abrió los ojos de par en par estaba sorprendida no tenía idea de quién podría haber enviado algo a ella. Y más incrédula se encontraba al saber que nunca le había dado la dirección de ese lugar a nadie. Ni siquiera Maritza estaba al tanto de dónde se encontraba viviendo ahora.
—Yo, te prometo que jamás le di la dirección a alguien. Así que no podría saber de qué viene ese regalo que has mencionado, no lo sé —se encogió de hombros, un poco alarmada.
—Bueno, espero que no se trate d