El director Benítez tenía una única y querida hija a quien consentía inmensamente. Si bien la reprendía con suavidad frente a los invitados, en la intimidad del hogar la protegía en su jaula de oro.
Él era selectivo al llevarla a eventos sociales, permitiéndole asistir solo cuando ella manifestaba genuino interés. Sin embargo, nunca se había atrevido a presentarle a Mateo, temiendo que su hija no pudiera lidiar con alguien de temperamento tan indómito.
Tiempo atrás, había contemplado la idea de