CEO POR ACCIDENTE
CEO POR ACCIDENTE
Por: Paola Ramírez
¿Un error?

Las gotas de sudor frías bajaban por su rostro sin ninguna contemplación.

¿Cómo era posible que lo hubieran encontrado?

Se supone que su llegada al aeropuerto de Italia era un total secreto, pero desafortunadamente no fue así. 

Adriano de Santis estaba encerrado en el baño de caballeros tratando de escapar de los hombres de Caruso.

Su peor enemigo y posible sucesor de la mafia italiana.

Los hombres de confianza de Adriano ya habían sido reducidos y solo faltaba buscar en la parte sur de los baños y con eso tendría el poder absoluto.

—¡No! quiero verte ahora mismo aquí, no tengo mucho tiempo —decía Adriano en voz baja, al jefe de escoltas que por alguna extraña razón ese día se había declarado enfermo. 

—Señor Di Santis, no tengo muchos hombres, la mayoría fueron atacados está mañana y no tengo formas de llegar al aeropuerto —se excusó, causando rabia en Adriano. 

Las manos de Adriano golpearon fuertemente las paredes del baño.

Él sabía que no le quedaba mucho tiempo y que pronto lo encontrarian, ya no había nada que hacer estaba completamente solo.

—Señor Connor, que bueno que lo encuentro, pensé que había abordado sin mi. —La voz de un hombre canoso y bastante mayor hizo que Adriano se girara.

¿Acaso lo estaban confundiendo?

—No entiendo de qué me habla —respondió Di Santis, mirando hacia la entrada de los baños, pues esto podría ser un truco sucio de su peor enemigo para acabar con él.

—¿Que no entiende señor Connor?, ¿Acaso se le olvidó que debemos llegar en horas de la tarde a Inglaterra, aquí ya no hay nada que hacer, es imposible que encontremos a su madre. 

Los ojos de Adriano se abrieron como platos, era obvio que este hombre en verdad lo estaba confundiendo.

—¿A dónde me dices que debo estar en horas de la tarde? —preguntó una vez más, pues este sería un ángel enviado por el mismísimo Lucifer, porque escapar a Inglaterra no estaba en sus planes.

 —Señor, veo que las horas de sueño le están haciendo falta, vamos.

Aquel hombre de cabellos blancos tomó el brazo de Adriano y lo jalo con fuerza para que lo siguiera.

Caminaron hasta llegar a la zona de abordar en donde había un jet privado al cual Adriano subió con algo de recelo, pero no había otra opción de escapar.

Era subir a jet, o dejar que Caruso lo atrapará y lo destrozara pedazo por pedazo.

Por otro lado, un hombre alto de cuerpo atlético con mirada serena se había detenido en su camino al baño a recibir una llamada. 

Cómo no responder si era su jefe de bolsa quien le decía que debía volver lo más rápido posible a Inglaterra, ya se había ausentado varios días y los negocios no dan espera.

—Así que tratando de huir de mis garras maldito Di Santis... —Una voz carrasposa hizo que Alex Connor se girara, para encontrarse con la mirada más fría y oscura que haya visto en su vida.

Alex acostumbraba a enfrentarse a hombres feroces en los negocios, pero esto era distinto se lo decía algo muy adentro de su corazón.

—Disculpe señor me está confundiendo —respondió Connor sin prestar atención, a los hombres que estaban rodeándolo.

—Así que estoy confundiendolo, pues no creo, si ven muchachos lo que hacen las sabandijas con tal de esconderse. 

Esa palabra muchachos, hizo que Alex levantará su mirada, para encontrarse con hombres fuertemente armados a su alrededor.

Dejó caer el celular que para ese entonces había empezado a vibrar con insistencia, para después tratar de tragar saliva, algo estaba mal de eso no había la menor duda.

—Señor, no sé quién es usted, pero déjeme decirle que en verdad me está confundiendo. —Las palabras de Alex salían apenas de su garganta, él nunca se había visto en situación algo parecida.

—Muchachos, cojan a esta sabandija, y llévenlo a las cloacas, allá de seguro y se le refresca un poco la memoria. 

Mientras tanto, en la ventanilla de un jet privado la mirada de Adriano era todavía de angustia, pues todavía no estaba del todo seguro.

—Señor puede colocarse el cinturón ya vamos arrancar. 

Adriano asintió con su cabeza, él necesitaba salir de allí y cuanto antes mucho mejor.

Sus ojos se cerraron y su pecho por fin se tranquilizó un poco, pero en su mente no dejaba de dar vueltas.

¿Por qué aquel hombre lo llamaba señor Connor?

¿Acaso tenía alguien parecido a él?

Era una  idea que tenía que averiguar y cuanto antes mucho mejor.

Si lo confundieron a él con el dichoso Connor, entonces Caruso debía estar confundiéndolo con el que debía estar en ese momento en el jet privado. 

Sus manos viajaron de inmediato a su cabeza, pero era imposible ya que no había vuelta atrás.

Ahora solo debía llegar a Inglaterra y poner sus ideas en orden.

Sin contar que su padre ahora estaba en completo peligro. 

Si los hombres de Caruso lo habían rodeado de tal forma era porque en su grupo de guardaespaldas había un soplón.

Debía averiguar cuanto antes porque una traición así no la dejaría pasar.

Él mismo se encargaría de acabar con todo lo que se atravesara en su camino, de eso no había duda.

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